
Las “pantallas” de los narcos cordobeses
Para vender droga, cinco familias de la zona sudeste de la Capital emprendieron una serie de negocios que encubren su real actividad / Proveen y trafican en almacenes, pizzerías, gomerías y hasta en comedores infantiles / Incluso lavan dinero en el fútbol y la música.
Juan Federico
jfederico@lavozdelinterior.com.ar
"Los campesinos deberían sacar lecciones del narcotráfico: identifican su mercado y crean su logística. Desafortunadamente están integrados a cultivos ilegales. ¡Ellos sí saben atender los mercados!". Lo dijo el ex viceministro mejicano de Fomento a los Agronegocios, Jeffrey Jones, en octubre último, al inaugurar un foro. Tuvo que renunciar después de esta comparación.
Todas las sillas que rodeaban la mesa circular estaban ocupadas, aunque nadie hablaba. En penumbras, sólo miraban a la bruja que imponía sus manos sobre una gruesa moneda dorada, colocada en el centro de la escena, mientras exclamaba palabras inentendibles con las que cortaba el aire rancio por la humareda de lo que parecían ser unos yuyos que se quemaban en un pequeño plato.
Finalizaba 2006 y los allí reunidos, todos "narcos" de barrio Maldonado y alrededores, en la ciudad de Córdoba, creían que mediante el "pacto de la moneda" iban a lograr volverse invisibles para la Policía y la Justicia, según lo prometido por la bruja que los recibió en un domicilio de Alta Córdoba, cerca del estadio de Instituto.
Más de tres años después, en algo cumplió la "manosanta". La mayoría de ellos continuó con total impunidad con la producción y distribución de cocaína y otras drogas en la zona sudeste de la capital provincial y sus alrededores.
Según relataron investigadores policiales, la industria de la droga en la ciudad de Córdoba cada vez penetra en más lugares. Para poder disimular su real fuente de ingreso, los narcotraficantes elaboraron un complejo mecanismo de "pantallas". La droga se vende en pizzerías, almacenes, gomerías, remiserías y hasta en comedores infantiles.
Otros han ido más allá y lavan dinero representando a bandas de cuarteto y a futbolistas.
Están asentados en la zona conocida como "la 5ª", por la comisaría del sector, que comprende los barrios San Vicente, Colonia Lola, Müller, Maldonado, Altamira, José Ignacio Díaz, Bajada San José y Renacimiento, entre otros.
Es uno de los tantos lugares de la ciudad donde han proliferado, en los últimos años, las "cocinas" de cocaína.
Allí son por lo menos cinco las familias que se han dividido este fenomenal negocio. Aunque no trabajan juntas, acordaron no "molestarse" entre sí, para evitar llamar la atención.
Los nombres y el modus operandi de estos personajes fueron aportados por investigadores de diferentes fuerzas policiales que desde hace un tiempo están detrás de estos "narcos", además de distintos vecinos que no se conocen entre sí.
No obstante, como la mayoría de ellos aún no fueron imputados por parte de la Justicia Federal, sus reales identidades se reservan en esta nota.
Se trata de cinco grupos organizados con base en lazos familiares en común. Todos tienen relación sanguínea, de alguna manera, con una reconocida narcotraficante hoy presa, pero que está cerca de regresar a la calle.
Esta mujer, según los investigadores, fue la líder de la banda primeriza que hace años perfeccionó la "cocina" y distribución de cocaína en la ciudad. "Fueron los primeros ‘autóctonos’ que aprendieron a ‘cocinar’ la pasta base", apuntó un policía que desde hace años está tras sus pasos.
A partir de ella, es posible diagramar un árbol genealógico en el que las diferentes ramificaciones aparecen ligadas con el narcotráfico.
Pizza blanca. Según los informantes, en los últimos tiempos estos grupos de "narcos", que "cocinan" y distribuyen cocaína, instalaron pizzerías que funcionan a horas insólitas y que se valen de las motos de los deliveries para distribuir la droga en diferentes puntos de la ciudad.
También han contratado los servicios de una remisería, cuyos choferes llevan droga hacia otros barrios y trasladan a los ocasionales compradores hacia los lugares de venta de esa zona.
Otra modalidad de distribución son los carritos de choripanes o panchos. En la zona, todos apuntan a la casa de un reconocido "narco", a la que a toda hora arriban estos tipos de carros. "Entran y al ratito vuelven a salir. Es raro, porque todo el día se ven estos movimientos", señaló un hombre que vive cerca de uno de los tantos domicilios que utiliza el traficante.
Para que los clientes sepan que hay droga, estos falsos choripaneros utilizan diferentes estrategias. Por ejemplo, hay uno que coloca una maceta en el mostrador de metal cada vez que tiene cocaína para vender entre los panes. Así es su "código".
De todas maneras, un investigador especializado en narcotráfico advirtió que hay tantos "códigos" como carritos de choripán dedicados a la venta de droga.
Estas familias también utilizan negocios más "tradicionales" para vender droga, como quioscos, almacenes y florerías, que abren durante la noche y permanecen cerrados de día.
Por lo general, las caras visibles de estos locales son mujeres.
Pero estas no son las únicas "pantallas" de los "narcos" de la 5ª (ver Traficantes que...). Hace unos años, una de las bandas traía cocaína con un ingenioso ardid: la camuflaba dentro de calabazas que llegaban al Mercado de Abasto provenientes de Santiago del Estero.
Ahora, buena parte de la droga que esta banda trafica desde Bolivia llega a una gomería que funciona en una conocida avenida de la zona sudeste. Allí, las "mulas" tienen una primera parada obligada, donde descargan la cocaína, que rápido es fraccionada en cantidades menores.
¿Por qué una gomería? "Al igual que los talleres mecánicos, las gomerías son utilizadas por los ‘narcos’ porque allí utilizan herramientas similares a las que necesitan para compactar la droga en cantidades menores", explicó la fuente policial.
Comedores. En el sector, muchos de estos personajes sindicados como "narcos" también estarían detrás de diferentes comedores infantiles, algunos de los cuales recibirían subsidios de la Provincia.
Una organización no gubernamental de la zona sur de la ciudad, pero que hace unos años supo tener un comedor en Colonia Lola, debió cerrar al descubrir que había sido cooptada por los "narcos". "Cuando llegamos, nos sorprendió la cantidad de gente que se acercó para colaborar. Pero al tiempo nos dimos cuenta de que en realidad utilizaban nuestro comedor para vender droga", contó uno de los encargados.
"¿A quién se le iba a ocurrir allanar un comedor infantil?", razonó después.
Una mujer que vive en la zona relató que en el sector hay distintos comedores que no reciben chicos. "Hace unos meses, fui al Ministerio de Desarrollo Social para pedir copas de leche, porque tenía ganas de abrir un comedor para ayudar a los chicos del barrio, pero me respondieron que acá ya había varios que recibían subsidios", refirió.
Sin embargo, aseguró que realizó un relevamiento por su cuenta y comprobó que varios estaban casi vacíos.
"Los utilizan para vender droga; nosotros somos vecinos que no tenemos protección para hacer estas denuncias, pero lo vivimos y nos da mucha bronca ver cómo estas personas se mueven con total impunidad y nadie hace nada", apuntó.
Traficantes que también invierten en fútbol y cuarteto
El nivel de dinero obtenido en tantos años de operar lejos de los ojos de la Justicia Federal permitió a muchos de estos "narcos" acumular una gran fortuna que invirtieron en diversos negocios.
Por ejemplo, un hombre al que en la zona sindican como un integrante de la "Conexión Holanda" (organización internacional que años atrás traficaba droga a ese país), pero que zafó de ser imputado, habría tenido, hasta hace poco, porcentajes de los pases de reconocidos futbolistas cordobeses.
Entre ellos, figuran un arquero que continúa en actividad y un habilidoso volante derecho que fue noticia tanto por sus buenas actuaciones como por su delictiva vida fuera de las canchas. Más de una vez, lo recuerdan hoy los cronistas deportivos, faltaba a los entrenamientos porque a la noche se había visto envuelto en algún tiroteo.
Pero los traficantes de la zona sudeste no son los únicos con inversiones en el fútbol. Otro personaje, al que los investigadores señalaron como "un narco gordo" y que estaría detrás de un impresionante envío de cocaína a España –aunque por ahora no pudo ser procesado por los juzgados federales locales–, tendría intereses en un pequeño club de la Liga Cordobesa, cuyo estadio está en un populoso barrio cercano al centro de la ciudad.
Este hombre ofrecería llevar a probar suerte a España a jóvenes jugadores, los que en realidad terminan viajando como "mulitas".
Pero si los "narcos" se metieron en el fútbol, no podrían dejar de lado la música.
En Maldonado y alrededores, todos conocen a dos jóvenes cuarteteros solistas que en sus comienzos fueron bancados por los traficantes, que costearon sus primeros shows.
Pero hay más. Una banda de prominente ascenso es solventada por uno de los "narcos" más "famoso" del barrio. Éste es un joven que desde muy chico "bajaba" desde Bolivia con el estómago lleno de cápsulas con cocaína. Poco a poco fue ganando confianza para avanzar en este "mercado", hasta que comenzó a operar por su cuenta.
Hoy, dicen los investigadores, sus ingresos mensuales rondan en torno de los 500 mil pesos, aunque algunos se atreven a duplicar esta cifra exorbitante.
Con tanto dinero a su disposición, comenzó con delirios de "narco" mejicano o colombiano. Armó un séquito de jóvenes adictos que hacen de guardaespaldas y que incluso a veces duermen en colchones alrededor de su cama matrimonial.
No es la única extravagancia. Fue el primero en incursionar en los "narcocorridos" (ver Con música...). La banda cuartetera que solventa, y a la que lleva a tocar seguido a un bar/boliche de la ciudad, ya compuso algunos temas en su honor, música que se escucha en las fiestas privadas que suele ofrecer.
Este traficante, al igual que otros del sector, ahora invierte en continuar con la instalación de diferentes comercios con los que intenta justificar el origen espurio de su fortuna. "Lógicas de negocio", diría Jeffrey Jones, el ex ministro mejicano.

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